Sin embargo nadie es demasiado joven (o viejo) para tener problemas con la bebida.
Es así porque el alcoholismo es una enfermedad. Puede darle a cualquiera, joven, viejo. Rico, pobre. Negro, blanco.
Y no importa cuánto tiempo lleves bebiendo. Lo que cuenta es cómo te afecta la bebida.
Para ayudarte a decidir si tienes problemas, hay doce preguntas preparadas por A.A.. Las respuestas son asunto tuyo y de nadie más.
Si contestas SÍ a cualquiera de estas preguntas, tal vez sea momento de echar una mirada seria a lo que te podría estar pasando con la bebida.
¿Bebés porque tenés problemas?
¿Para relajarte?
¿Para darte coraje?
¿Bebés cuando te enojás con otros, con tus amigos o tus padres?
¿Preferís beber a solas en lugar de hacerlo con otros?
¿Están empezando a bajar tus calificaciones?
¿Estás chapuceando en el trabajo?
¿Has tratado alguna vez de dejar de beber o beber menos y fracasaste?
¿Has empezado a beber por la mañana, antes de la escuela o trabajo?
¿Te tragás las bebidas de un golpe?
¿Has experimentado alguna vez una pérdida de memoria debido a tu forma de beber?
¿Mentías acerca de tu forma de beber?
¿Te has metido en problemas alguna vez cuando bebés?
¿Te emborrachás cuando bebés, aunque esa no sea tu intención?
¿Te parece una gran hazaña poder aguantar mucho bebiendo?
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LOS DOCE PASOS DE ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS
Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.
Llegamos a creer que un poder superior a nosotros mismos podría llegar a devolvernos el sano juicio.
Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como nosotros lo concebimos.
Sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos.
Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos, y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos
Estuvimos enteramente dispuestos a dejar que Dios nos libere de nuestros defectos.
Humildemente le pedimos que nos liberase de nuestros defectos.
Hicimos una lista de todas aquellas personas a quienes habíamos ofendido y estuvimos dispuestos a reparar el daño que les causamos.
Reparamos directamente a cuantos nos fue posible el daño causado, excepto cuando el hacerlo implicaba perjuicio para ellos o para otros.
Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nos equivocábamos lo admitíamos inmediatamente.
Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diste la fortaleza para cumplirla.
Habiendo obtenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar el mensaje a los alcohólicos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos.
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LAS DOCE TRADICIONES DE ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS
Nuestro bienestar común debe tener la preferencia; la recuperación personal depende de la unidad de A.A.
Para el propósito de nuestro grupo sólo existe una autoridad fundamental: un Dios amoroso tal como se exprese en la conciencia de nuestro grupo. Nuestros líderes no son más que servidores de confianza. No gobiernan
El único requisito para ser miembro de A.A. es querer dejar de beber.
Cada grupo debe ser autónomo, excepto en asuntos que afecten a otros grupos o a Alcohólicos Anónimos, considerados como un todo.
Cada grupo tiene un solo objetivo primordial: llevar el mensaje al alcohólico que aún está sufriendo.
Un grupo de A.A. nunca debe respaldar, financiar o prestar el nombre de A.A. a ninguna entidad allegada o empresa ajena, para evitar que los problemas de dinero, propiedad y prestigio nos desvíen de nuestro objetivo primordial.
Todo grupo de A.A. debe mantenerse completamente a sí mismo, negándose a recibir contribuciones ajenas.
A.A. nunca tendrá carácter profesional, pero nuestros centros de servicio pueden emplear trabajadores especiales.
A.A. como tal nunca debe ser organizada; pero podemos crear juntas o comités de servicio que sean directamente responsables ante aquellos a quienes sirven.
A.A. no tiene opinión acerca de asuntos ajenos a sus actividades, por consiguiente, su nombre nunca debe mezclarse en polémicas públicas.
Nuestra política de relaciones públicas se basa más bien en la atracción que en la promoción; necesitamos mantener siempre nuestro anonimato personal ante la prensa, la radio y el cine.
El anonimato es la base espiritual de todas nuestras Tradiciones, recordándonos siempre anteponer los principios a las personalidades.
FUENTE: www.aa.org.ar