La primavera había llegado, las fresias comenzaban a florecer, y la alegría invadía el hogar de José y María. A José lo aceptaron para trabajar en una gran mueblería, como carpintero artesanal, su oficio de toda la vida. Al llegar a casa, María le dio la más hermosa noticia, “vamos a tener un bebé”. Pensaron cientos de nombres y el espejo fue testigo de una panza que crecía día a día. Los recuerdos de la infancia acudían permanentemente, intentado imaginar aquel niño que vendría. El cuarto se puso pleno de color, llenando los espacios con muñecos y el alma con proyectos. Estos proyectos aparecían en José, en María y también en los abuelos. Todos preparaban un imaginario que serviría de guía y protección a este niño tan deseado y esperado. La bendición estaba por concretarse. El parto fue rápido, el niño era hermoso, lo llamaron Pablo Jesús. Los días eran una fiesta, pero algo empezó a preocupar a María, su niño no la miraba a los ojos cuando tomaba el pecho. “No te preocupes mamá, es una modalidad de tu bebé”, le dijo el pediatra. Pero estas palabras no la calmaron. José no veía nada raro, pero sentía la preocupación de su esposa. A medida que Pablito crecía iban apareciendo nuevos indicios que preocupaban a sus padres. No se daba vuelta cuando lo llamaban. Mientras otros niños de su edad habían comenzado a hablar, él parecía no tener ningún interés en comunicarse. No disfrutaba de la presencia de los otros y cuando comenzó en la salita de tres, su conducta era muy diferente. El lenguaje apareció, pero algo no estaba en su lugar, repetía todo y no podía decir “yo”, algo así como no producir un lenguaje propio. Decía: “Pablito, no te subas a la mesa”, como si mamá hablara a través de su boca. Los abuelos pensaban que las dificultades que mostraba su nieto era producto de la inexperiencia de sus padres. La culpa era insoportable, la alegría había abandonado el hogar de José y María. Pablito era muy inquieto, impulsivo y no participaba de los juegos con otros niños. En salita de cuatro no podía hacer ningún dibujo y cuando algo lo frustraba, se golpeaba la cabeza, se mordía las manos o gritaba y arrojaba las cosas por el aire. Le diagnosticaron “trastorno generalizado del desarrollo”, por temor a decirle “autismo” Ya no sabían que hacer. La preocupación hizo que en aquel hogar se instalara la desazón y el desánimo. A Pablo se lo miraba diferente, no se lo entendía, el abuelo dijo: “mi hijo no sabe ser padre”. Todo estaba mal. Los proyectos chocaban con la realidad. Este niño no encontraba la tranquilidad necesaria para crecer en armonía. Era otro el niño planeado, Era otro el niño esperado. Le mandaron a realizar un análisis genético molecular. El resultado fue: positivo, detectando una mutación completa en el gen FMR1; esto quería decir que Pablo padecía del síndrome de fragilidad del cromosoma “X”. Ahí empezó otro camino, como si hubiese vuelto a nacer. María comenzó a mirarlo diferente. Dijo María, sin poder contener el llanto: “tuve que enterrar el hijo que esperaba, para poder darle su espacio a mi querido Pablo Jesús, y aceptarlo tal cuál es”. La protección del amor de María hizo que este niño encontrara su lugar. Fue aceptado y amado con toda la fuerza posible: Ya nadie esperaba más de Pablo, sólo su felicidad era lo importante. Pasaron los años y tuvo dos hermanos adoptivos, Pedro y Juan, ya que María era portadora del gen premutado y tenía muchas posibilidades de volver a tener un niño con este síndrome. De grande sabía sembrar y cultivar la tierra, y hasta trabajaba con su padre en la madera. Un día, restaurando un viejo armario,, José encontró un escrito de autor anónimo y allí pudo comprender lo especial que era su pequeño Pablo. Todo estaba en su lugar y sentía que la dicha había pasado por su vida y la de su familia. En la cena de navidad lo leyó a su esposa y a sus hijos y cuando terminó, Pablito le dijo: “siempre lo supe, papá”. El cuento se llamaba ANGELES EN LA TIERRA y decía mas o menos esto:
Dios estaba en el cielo, mirando cómo actuaban los hombres en la tierra. Entre ellos reinaba la desolación.
-¡Más de seis millones de seres humanos son pocos para alcanzar la magnificencia divina del amor!, suspiró el señor.
El Padre vio a tantos hermanos en guerra, esposos y esposas que no completaban sus carencias, ricos y pobres apartados, sanos y enfermos distantes, libres y esclavos separados, que un buen día reunió un ejército de ángeles y les dijo:
-¡Observen a los seres humanos!...¡Necesitan ayuda! Tendrán que bajar ustedes a la tierra…
-¿Nosotros?, preguntaron los ángeles ilusionados, asustados y emocionados pero llenos de fe.
-Sí, ustedes son los indicados. Nadie más podría cumplir esta tarea. ¡Escuchen! Cuando creé al hombre, lo hice a imagen y semejanza mía, pero con talentos especiales para cada uno. Permití diferencias entre ellos para que juntos formasen el reino. Así lo planeé…unos alcanzarían riquezas para compartir con los pobres…otros gozarían de buena salud para cuidar a los enfermos…unos serían sabios, y otros muy simples para procurar entre ellos…
¿De que se trata? Preguntaron los ángeles inquietos.
Entonces el Señor les explicó su deber:
-Como los hombres han olvidado de que los hice distintos para que se complementasen unos a otros y así formaran el reino, como parece que no se dan cuenta de que los quiero diferentes para lograr la perfección, bajará ustedes con francas distinciones…
Y les encomendó a cada una su tarea:
-Tú tendrás memoria y concentración de excelencia, serás ciego;
-Tú serás elocuente con tu cuerpo y muy creativo para expresarte: serás sordomudo;
-Tú serás sensible, solidario e imitarás con gran destreza a tus amigos, reconocerás las cosas importantes y recordarás hechos que otros olvidan, tendrás fragilidad del cromosoma “X”.
-Tú tendrás pensamientos profundos, escribirás libros, serás poeta: tendrás parálisis cerebral;
-A ti te daré el don del amor, habrá muchos como tú en toda la tierra y no habrá distinción de raza, porque tendrás la cara, los ojos, las manos y el cuerpo como si fueran hermanos de sangre: tendrás Síndrome de Down;
-Tú serás bajo de estatura y tu simpatía y sentido del humor llegarán hasta el cielo: serás enano;
-Tú disfrutarás la creación tal como la planeé para los hombres, tendrás discapacidad intelectual y, mientras otros se preocupan por los avances científicos y tecnológicos, tú disfrutarás mirando una hormiga, una flor…serás feliz, muy feliz, porque amarás a todos y no emitirás juicio de ninguno;
-Tú vivirás en la tierra, pero tu mente se mantendrá en el cielo, preferirás escuchar mi voz a la de los hombres: tendrás autismo;
-Tú serás hábil como ninguno, te faltarán los brazos y harás todo con las piernas y la boca…
Al último ángel le dijo:
-Serás genio, te quitaré las alas antes de llegar a la tierra y bajarás con la espalda ahuecada; los hombres repararán tu cuerpo, pero tendrás que ingeniártelas para triunfar. Tendrás mielomeningocele, que significa “miel que vino del cielo”.
Los ángeles se sintieron felices con la distinción del Señor, pero les causaba enorme pena tener que apartarse del cielo para cumplir su misión…
- ¿Cuánto tiempo viviremos sin verte?
- ¿Cuánto tiempo lejos de ti?
- No se preocupen, estará con ustedes todos los días…además, esto durará sólo entre 60 y 80 años terrenos.
- Está bien, Padre, Será como tú dices…80 años son un instante en el reloj eterno. Aquí nos vemos, en un ratito…dijeron los ángeles al unísono y bajaron a la tierra emocionados.
Cada uno legó al vientre de una madre. Ahí se formaron durante 6, 7, 8 o 9 meses. Al nacer, fuero recibidos con profundo dolor, causaron miedo y angustia. Algunos padres rehusaron la tarea; otros la asumieron enojados; otros se echaron culpas hasta disolver su matrimonio y otros más lloraron con amor y aceptaron la tarea.
Sea cual fuese el caso, como los ángeles saben su misión y sus virtudes son la fe, la esperanza y la caridad, además de otras, todas gobernadas por el Amor, ellos han sabido perdonar, y con paciencia, pasan la vida iluminando a todo aquél que los ha querido amar.
Siguen bajando ángeles a la tierra con espíritus superiores en cuerpos limitados y seguirán llegando mientras haya humanidad en el planeta…
Nota del autor : El fragmento « Ángeles en la tierra » es de autor anónimo y ha sido modificado parcialmente en función de incluír otros cuadros.
DANIEL EGEA
Especialista en Psicología Clínica. Niños y adolescentes
Ex Jefe del Departamento de Psicología de la Fundación Dr. Mario Socolinsky
Docente en UDAM. Columnista “La salud de nuestros hijos” canal 26 Columnista revista del CONSUDEC
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