El fracaso escolar golpea duramente la educación argentina, en todos los niveles de enseñanza. No vamos a buscar culpables. Todos lo somos. Es una cadena de eslabones rotos que cuesta mucho desandar sin caer en cuestionamientos estériles sobre quién fue primero, si la gallina o el huevo. La realidad es concreta: cada vez hay más deserción escolar. Cada vez hay más chicos repitentes, que son expulsados del “sistema” educativo, quedando entonces al margen de un futuro. ¿O será que ya es una utopía pensar que por estudiar y tener un título aspiramos a una vida mejor? El régimen económico también nos golpea. La violencia se vuelve entonces moneda de todos los días. Y con ella, la pérdida de valores. Mueren a diario ancianos que son golpeados brutalmente. Chicos cada vez más chicos delinquen hasta llegar al asesinato. Todos los días es mala noticia el hecho de un nuevo niño/a violado/a. Adolescentes que deben afrontar paternidades imposibles de sostener. Madres desprotegidas ante la violencia conyugal, la violencia laboral que las despide por el solo hecho de quedar embarazadas o tener hijos. Sin educación sexual. Sin educación moral. Sin educación.
Nos quedamos muchas veces en estériles debates sobre temas que ya URGEN soluciones. Sería bueno que “los representantes del pueblo” trabajaran en conjunto más allá de su bandera política para legislar mejor, para recomponer un sistema judicial que hoy por hoy es absolutamente incoherente y falto de efectividad.
Luego, los informativos y de manera cotidiana también muestran como una gris postal, marchas de padres, marchas de hijos, pidiendo justicia.
Hoy, más que nunca, nos parece indispensable salir a la calle con algunas cuestiones sociales que valdría la pena revisar.
En este número, encaramos temas muy duros. Quizás en esta época, las publicaciones en general apunten a vender algo para regalar en las fiestas. O promocionar algún lugar turístico, mostrando paisajes y lindas chicas en bikini. Nuestro objetivo tiene que ver con cosas no resueltas, con necesidades sociales no subsanadas, que golpean el diario vivir. Palabras fuertes como “alcoholismo”, “drogadicción”, “sida”, “abuso sexual infantil”, “discriminación”, están presentes aquí, abordadas por distintos profesionales e instituciones que apuestan por una vida más sana, por una vida más limpia que arrojan algo de luz a estos males mundanos. Por suerte, hay muchas personas también trabajando para el bien común. Aunque la palabra “solidaridad” debiera ser una palabra más y mejor ejercitada, cotidianamente. Nunca perdemos la esperanza.
Desde la profesión periodística, les decimos que como siempre, no informamos con primicias; pero sí con verdades. Palabras para tomar conciencia sobre cosas que debemos cambiar para mejorar, nos alientan en la esperanza cuando todos los días encontramos gente que se suma de manera desinteresada para que LA REVISTA VCP siga adelante, permitiéndonos ya haber cumplido cinco años de vida. A todos ustedes, mil gracias.
Nuestro deseo, siempre, es apostar por una vida mejor, y para ello debemos trabajar para lograr en nuestra sociedad UNA INFANCIA MEJOR. Ayúdenos a continuar.